Modo eficaz de tomar probióticos

Las bacterias probióticas en su forma activa se encuentran en los alimentos fermentados,  dentro de  un organismo vivo que los alimenta o en contacto con él.

Para conseguir que las bacterias probióticas puedan venderse en un envase cerrado y conservarse durante meses e incluso años sin ningún alimento, es preciso liofilizarlas (es decir deshidratarlas con una rápida congelación y eliminar el hielo con un efecto de vacío). En este estado, las bacterias se mantienen vivas pero inactivas.

La mejor forma de preservar así las bacterias –liofilizadas- es introduciéndolas en cápsulas o sobres que las protejan bien contra el calor y la humedad. Por este motivo, los probióticos desde su producción deberían conservarse en frío el mayor tiempo posible, al margen de lo que puedan afirmar algunas marcas.

Además, las bacterias liofilizadas, al hallarse en esta forma inactiva, no pueden soportar en su mayoría la baja acidez del estómago –con un pH en torno a 1,5-, como  lo demuestran de continuo los numerosos estudios realizados sobre el transporte y liberación de los probióticos en los seres humanos. Por ello,  las bacterias liofilizadas, -un modo jamás usado antes  para introducir bacterias en el cuerpo humano-, cuentan tan sólo con tres vías de acceso eficaces en su camino hacia el intestino:

  • Dentro de un medio natural, en alimentos fermentados. ESTA ES SIN DUDA LA FORMA MÁS EFICAZ DE  INTRODUCIR LOS PROBIÓTICOS EN EL ORGANISMO. Los ejemplos más conocidos son el yogur o el Kéfir.

    Para que esta vía de acceso resulte verdaderamente eficaz, es mejor optar por el yogur o el kéfir elaborado en casa, con fermentos de alta calidad. Génesis cuenta con cinco tipos de fermentos para hacer yogur y dos para kéfir. Cuando las bacterias liofilizadas se vierten sobre la leche a la temperatura adecuada durante el tiempo suficiente –unas 6 u 8 horas para el yogur y 14 ó 16 para el kéfir-, estas se activan y empiezan a multiplicarse en número considerable. En esta forma activa, con alimento suficiente y la protección que les da el medio en el que se han cultivado pueden atravesar más fácilmente la barrera del ácido estomacal. En primer lugar porque las bacterias activas que pueden medrar en la leche tienen una resistencia natural al ácido estomacal, puesto que su medio de cultivo –la leche fermentada- es un medio ácido. En segundo lugar porque se encuentran acompañadas por el alimento antes durante y después de su ingesta. En tercer lugar porque el propio alimento, al caer en el estómago, compensa la excesiva acidez del mismo, elevando  su pH y creando un ambiente más similar al del intestino, donde habitan las bacterias. Y por último, porque el propio alimento hace de “matriz” protectora que cubre y protege al probiótico.

  • Las píldoras sin protección entérica con cepas muy activas y en cantidad suficiente, tomadas con la comida.

    En este caso las bacterias, al gozar de una naturaleza muy activa,  empiezan ya a alimentarse y multiplicarse en el estómago, rodeadas de la protección que brinda la comida, a modo de matriz, y de un ph más alto. Deben tomarse durante la comida o justo al final de la misma, cuando el pH del estómago  es más alcalino, y se asemeja más al del intestino delgado. Y aunque el tiempo en el que las bacterias se alojan  en el estómago es insuficiente para que se activen del todo –como sucede en el yogur o en el kéfir-, al ser más fuertes que otras cepas y contarse por miles de millones, consiguen atravesar en  buena parte la barrera estomacal, biliar y enzimática.

    La mayoría de los probióticos del mercado optan por este segundo  método, al ser más barato que la protección entérica; pero no todas las marcas verifican que cada partida que sale de sus instalaciones posee de hecho una actividad o capacidad de trabajo alta.  Junto a ello, y de modo incomprensible, la mayoría de las marcas aconsejan tomar estos probióticos antes de las comidas, con el estómago vacío, por lo que la supervivencia de las bacterias resulta  mínima –como lo indican incontables estudios científicos-, pues las bacterias liofilizadas –inactivas- sin apenas alimento –a veces sólo el poco que cabe en una píldora-, al enfrentarse en esa forma vulnerable al ácido del estómago -con un ph muy bajo, de 1.5- son destruidas en su mayoría. Sólo los probióticos con protección entérica deben tomarse con el estómago vacío.

    Por el contrario, Génesis no sólo selecciona las mejores especies y cepas sino que comprueba la fuerza de cada partida que sale de fábrica, desechando las partidas débiles, pues una buena parte de sus clientes -en los países europeos y en Rusia-  emplean sus bacterias para la producción industrial de yogur.  Por ello, Génesis busca siempre cepas con una actividad y capacidad fermentativa fuerte. Esta capacidad es también  garantía de un mayor vigor dentro del organismo humano. Por ello se podría decir que Génesis selecciona sólo “supercepas superactivas” en cada partida y en cada píldora. La mayoría de las empresas productoras de probióticos no los fabrican también para la producción industrial, por lo que no comprueban su alta capacidad fermentativa.

    Y es que las bacterias, al tratarse de seres vivos, aun perteneciendo a la misma especie y cepa, están sometidas a las mismas leyes que otros seres vivos en la naturaleza, donde unos individuos gozan de más fuerza vital que otros. De este modo, se dan bacterias de la misma especie y cepa que resultan más débiles que otras, científicamente iguales. Son partidas de cepas “vagas”, que no fermentan bien la leche ni colonizan bien los intestinos, debiéndose buscar por tanto los individuos con actividad fuerte, de los que saldrán también colonias fuertes. Y así lo hace Génesis.

  • Mediante la protección entérica de la cápsula.

    Consiste en dotar a la cápsula de un sistema de protección que le impida abrirse en un medio ácido, como es el del estómago, pero que le permita hacerlo en un medio alcalino, como el que existe en el intestino -con un pH en torno a 6-7-. Aun así, no todas las formas de protección entérica del mercado resultan útiles para las bacterias probióticas, pues en ciertos casos dicha protección requiere someter a la cápsula a una temperatura demasiado alta, lo que destruiría a las bacterias; ciertos tipos de protección entérica favorecen que la humedad quede encerrada en la cápsula, activando así en poco tiempo a las bacterias, que mueren en unas horas por falta de alimento. Además, algunas de estas protecciones  pueden llegar a abrirse en un estómago sano. Por todo lo dicho, la protección de la cápsula debería emplear alguna de las tecnologías específicas existentes actualmente para los probióticos, que no siempre se basan en un tratamiento protector de la cápsula sino en la inclusión dentro de la misma de aceites, fibras mucilaginosas, parte del cultivo donde ha medrado la bacteria, etc.; de modo que aunque se abra la cápsula en el estómago se llegue a formar una capa protectora que facilite a las bacterias alcanzar el intestino. Algunas de las tecnologías más conocidas son: Cápsulas DR de Capsugel, o las empleadas en Probulin o Nutraceutix.

    Este tipo de cápsulas deben tomarse con el estómago vacío, para que lo atraviesen en un corto espacio de tiempo y lleguen al intestino lo antes posible. Y una hora después de haberlos tomado, tomarse un plátano o una manzana, para empezar a alimentar a las bacterias, pues los prebióticos del tipo inulina que traen algunos complementos resultan claramente insuficientes. Por lo tanto, una buena opción sería tomar la cápsula entérica una hora antes de comer, y comenzar la comida con una fruta.

    Al margen de la forma en que elijamos tomar los probióticos, será importante también consumir a diario fruta y verdura, para alimentar la flora intestinal del mejor modo posible.

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