Probióticos e infancia

Los probióticos o bacterias beneficiosas para el ser humano siempre han entrado en el organismo por algunas de estas vías:

El contacto con la vagina materna en el momento del nacimiento, cuando el niño nace sin cesárea.

La leche materna, administrada en los primeros meses de vida. El calostro o leche que un mamífero produce durante la gestación y en los días cercanos al nacimiento, puede contener hasta un 40 % de bacterias probióticas beneficiosas, siempre que la madre no esté tomando antibióticos durante ese espacio de tiempo.

Los alimentos fermentados, como el chucrut, el miso, el yogurt, el kéfir, etc., -según sea la tradición y el país-.

Los alimentos en la forma en que los brinda la naturaleza, sin pesticidas, abonos sintéticos, excesivo lavado con agua clorada, etc.

El contacto con la tierra, por medio del juego, el gateo, etc.,  en los primeros años de vida.

Sin embargo, hoy en día, sobre todo en los países occidentales, se priva a muchos niños de la leche materna –fuente importante de probióticos-; algunos niños vienen al mundo por medio de cesárea, sin contacto con las bacterias maternas; muchas madres que dan a luz de modo natural sufren de infección vaginal –transmitiendo así al niño bacterias perjudiciales nada más nacer-; también  muchas madres y sus hijos toman antibióticos –que dañan a menudo la flora intestinal-, sin repoblarla después con probióticos;  y los yogures que se venden en los supermercados no siempre contienen la cantidad y calidad de probióticos que precisa la flora.

De ahí que un gran número de personas, jóvenes y adultas, sufran de una salud débil y quebradiza, con alergias recurrrentes, resfriados frecuentes, intolerancias alimentarias, asma, etc., pues la flora intestinal resulta clave para el adecuado funcionamiento del sistema inmune: hasta el 80% de la respuesta inmunológica depende directamente de nuestra flora. Por ello, cuidar y fortalecer la flora intestinal desde nacimiento es, sin lugar a dudas, la mejor forma de proteger la salud del niño para toda su vida.

Las primeras bacterias que mejor y más abundantemente comienzan a colonizar el intestino del niño son del género Bifidus, sobre todo la Bifidobacterium infantisBifidobacterium breve, y Bifidobacterium longum . Sin embargo, la Bifidobacterium infantis ha sido específicamente diseñada por la naturaleza para el intestino del bebé recién nacido, pues constituye la única bacteria que puede partir y digerir completamente los azúcares presentes en la leche materna. Esto le ofrece una clara ventaja sobre todas las demás bacterias, en especial durante los primeros meses, cuando el niño sólo se alimenta de la leche materna. De este modo, las bacterias patógenas que consiguen entrar en el organismo del niño en estos primeros meses de vida, al no poder alimentarse a partir de estos azúcares, perecen por falta de alimento.

La Bifidobacterium infantis  coloniza también la vagina de la madre,  por ello se comunica al niño en el momento del nacimiento. En los casos en los que el niño haya nacido por cesárea, la madre haya seguido un tratamiento de antibióticos, o adolezca de una flora intestinal desequilibrada, el niño no recibirá la B. Infantis.

La bifidobacterium Infantis proporciona los siguientes beneficios al recién nacido:

  • Produce ácidos grasos de cadena corta, que suministran una fuente de energía para el bebé,  alimentan  las células intestinales y mantienen a los hongos y levaduras bajo control.
  • Construye la arquitectura del intestino. Los bebés nacen con espacios entre las células intestinales, a través de las cuales pueden entrar patógenos indeseables.  La B. Infantis propicia la construcción de proteínas, que van cubriendo esos huecos y evitan la permeabilidad del intestino.
  • Como se ha dicho, al ser el único que puede digerir por completo los azúcares de la leche materna, va matando por inanición a las bacterias dañinas que puedan haber entrado en el organismo del niño.
  • Libera ácido siálico, que es un nutriente esencial para el desarrollo del cerebro del niño.
  • Produce folato o vitamina B9, imprescindible para la producción de glóbulos rojos, y para el desarrollo y crecimiento del bebé.

Por todos estos motivos, numerosos profesionales de la salud aconsejan la administración de Bifidobacterium Infantis en los primeros meses de vida, acompañándolo de la leche materna con que se suele alimentar el bebé, al menos durante 6 meses. A partir del sexto mes, se puede combinar la leche materna con otros alimentos. Pero el B. Infantis permanecerá dentro del bebé toda la vida, pues también puede alimentarse de otros azúcares.

Tanto en el periodo de lactancia materna como después del mismo, las bifidobacterias predominan en el intestino del recién nacido. De hecho, las bacterias de la leche materna pertenecen en un 80 a 90 % al género Bifidus. Por este motivo, Génesis cuenta con una gama de probióticos específicamente diseñados para el bebé:

-Génesis BB (para bebés sin intolerancia), y organic Génesis Bifido (para bebés con intolerancia a los lácteos). DESDE LAS PRIMERAS SEMANAS DE VIDA. Contiene varias especies de bacterias del género bifidus, incluyendo la B. Infantis, para que le sirva de complemento al niño en caso de no obtener suficientes bacterias de parte de la madre.

-Génesis Mega Mix. DESDE LOS 6 MESES. Y PARA MADRES LACTANTES.  Contiene el mismo complejo Bífidus, pero con las lactobacterias L. acidophilus, L. gasseri y L. casei sp. rhamnosus (que no interfieren con las bacterias del género bífidus). A partir de los seis meses, el bebé debe ir construyendo una flora intestinal más variada.

-Génesis Bio Mix.  A PARTIR DE LOS DOS AÑOS. Con una mezcla de probióticos bastante variada, incluyendo el L. Bulgaricus, que  goza de propiedades antitumorales.  Entre los 2 y 3 años de edad, el niño debe construir una flora intestinal similar a la de un adulto sano. Se puede alternar con Génesis Mega Mix, también bastante completo.

Estos probioticos vienen bajo el formato de cápsulas, debiéndose abrir la cápsula para verter su contenido en el biberón del niño. O en caso de estar siendo amamantado, debe darse el polvo disuelto en un poco de agua o zumo, después de una toma de leche de la madre (no antes). También se puede extraer un poco de leche del pecho de la madre, mezclarla con el probiótico y dársela al niño en un biberón, cucharita o jeringa.

Dosis: La mitad del contenido de una cápsula debe ser vertido en cada toma. La dosis puede variar, según el médico, pero una dosis normal podría ser media cápsula al día durante un mes, repitiendo el tratamiento cada tres meses.

A partir de los 6 meses, el bebé puede tomar yogur elaborado con nuestro fermento “Bífidus puro” o Acidophilus con Bífidus–que contienen ambos la B. Infantis-, dándole una  o dos cucharaditas de yogur al niño cada día durante varias semanas, resembrando una parte del yogur en leche nueva varias veces a lo largo del mes. Se puede elaborar el yogur con la leche materna. Este yogur aguanta una semana en el frigorífico, cerrándolo bien cada vez y no metiendo la cuchara de la boca del niño otra vez en el recipiente. Cerciorarse en cada toma del que el yogur huele bien.

A partir de un año, el bebé puede tomar también nuestro kéfir o kéfir con bífidus. A partir de los dos años puede tomar ya un yogur hecho con cualquiera de nuestros fermentos. Se aconseja emplear leche de cabra u oveja, o bebida de coco (espesada si se quiere con fruta batida). La soja puede interferir en el crecimiento hormonal del bebé.

Con el fin de preparar la flora materna antes del parto, muchos médicos aconsejan administrar a la madre un complejo que contenga  la Bifidobacterium Infantis, durante el embarazo. También puede incluir en la dieta cualquiera de nuestros yogures con Bífidus. Todos contienen la B. Infantis. Le será además muy beneficioso para mejorar el estado de salud general, el aspecto de la piel, y afrontar el embarazo con más energía.

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